Uno de los aspectos fundamentales para que el niño se convierta en una persona sociable, autónoma y tolerante es el modo en que haya podido asumir una cierta disciplina y una serie de límites y normas.
Los padres no pueden estar siempre detrás del niño o del adolescente para hacerle cumplir las normas. Lo que se ha de lograr mediante estrategias educativas adecuadas es que estas normas queden tan arraigadas que nuestros hijos lleguen a comportarse de una manera responsable también cuando no haya nadie que les indique lo que han de hacer.
Un buen punto de partida en lo que respecta a la autoridad de los padres es que éstos ejerzan simplemente como tales, es decir, ni más ni menos que hagan de padres; porque una de las cosas más nocivas en la educación de los niños/as es que padres y madres quieran situarse como amigos de sus hijos/as. En primer lugar, porque esto no es lo que precisan los niños, y en segundo, porque desde ese lugar nos será más difícil imponer unos límites y unas normas.
Establecer límites
Poner límites es marcar una serie de referencias que orienten la evolución de los niños/as. Para lograr que el niño tenga comportamientos responsables es imprescindible establecer unos límites muy claros y razonables que le den seguridad y al mismo tiempo le ofrezcan alguna libertad de elección. Es fundamental que el niño, desde los primeros años, sepa qué es exactamente lo que se espera de él, ya que esto es lo que le dará seguridad.
Para que las normas y límites sean efectivos han de cumplir con los siguientes requisitos:
- Que sean sencillas y simples.
- Que sean justas.
- Que tengan muy claro cuáles van a ser las consecuencias si no las cumple.
- Que apliquemos las normas de forma coherente y justa.
- En realidad, la palabra disciplina significa aprendizaje y constituye el medio más adecuado para que los padres consigan que sus hijos/as aprendan a comportarse de manera adecuada.
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